Trazo

Esto no es una flor.
Es una decisión.

La pintó una noche en la que todo lo demás parecía demasiado. Demasiado ruido, demasiada gente, demasiadas palabras sin sentido. Así que se sentó, respiró hondo y dibujó una línea. Luego otra. Y después, una curva que no sabía si era hoja, ala o grieta.

Así empezó Trazo: con la urgencia de decir algo sin levantar la voz.
El negro marcó el contorno: firme, fino, innegociable.
El dorado, esa emoción que nunca se nombra pero siempre se nota.
Y el verde apagado… eso que aún duele, pero de lejos. Como un eco vegetal.

La flor no florece. Se sostiene.
No pide agua, ni atención. Solo espacio.
Un gesto que no busca belleza, sino claridad.
Y la consigue.

Porque esta obra no grita.
Pero quien la mira… escucha.

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