Mitad de todo (Umbral)

La pintó después de una conversación incómoda en una cena demasiado larga. Alguien —con copa en mano y ego en pie— soltó: “es que al final, todos somos iguales”. Ella no dijo nada. Sonrió como se sonríe cuando sabes que discutir sería perder más que la razón.

Al día siguiente, sin dormir del todo, trazó una línea en medio de una hoja. Luego dibujó una cara. Luego la repitió, pero no igual. Cambió el tono, la textura, el gesto. No por corrección política ni por mensaje. Lo hizo porque así lo sentía. Porque hay cosas que no se dicen, pero se pintan. Y porque ninguna mitad cuenta sola.

El fondo fue lo último: ese rojo rabioso y saturado que parece gritar lo que ella no quiso contestar.
“Mitad de todo” no busca conciliar. Solo muestra. Lo que hay, lo que falta, lo que nunca encajará del todo.
Pero igual mira. Firme. Al frente.
Como diciendo: aquí estoy, entera. Aunque en dos.

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