Intersección

Esto no era un cuadro. Era una respuesta.
Una muy breve, muy seca, y muy clara.

Durante meses, el artista recibía cartas sin firmar. Siempre la misma pregunta:
«¿Dónde te perdiste?»

No contestó.
Pintó esto.

Un fondo blanco que no es paz, sino espera.
Una pincelada negra que no pide permiso. Que corta, irrumpe, divide. No pregunta si puede entrar. Entra. Y deja marca.
No hay centro. No hay jerarquía. Hay cruce.
Y en ese cruce, algo se resuelve. O se bloquea. Da igual. El gesto ya está hecho.

Dicen que quien lo mira durante demasiado tiempo empieza a escuchar pasos.
Pasos que vienen. Pasos que se van.
Pasos que nunca llegan.

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