Embate

Esta pintura nació de un berrinche. No de un niño, sino del sol.
El artista decía que el sol no siempre sale. A veces ataca. Esa mañana lo vio así: redondo, colosal, irritado. Como si llevara años observando sin intervenir y por fin hubiera decidido empujar. Lo hizo a través del mar, claro. Ese mar que ya estaba cansado de aguantarlo todo.

La ola no es una ola. Es una respuesta. Una curva que se eleva no para salpicar, sino para decir: ya basta.
El agua no baila. Se revuelve.
El cielo no aclara. Se encoge.
Y el sol —ese sol tan bonito, tan absurdo, tan enorme— parece más testigo que testimonio.

“Embate”, lo llamó. Porque no hay equilibrio en esta escena.
Solo fuerza.
Y belleza.
Y ese instante en el que todo está por caer…
Pero aún no.

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