Incandescencia

Este cuadro se pintó desde adentro.
Desde ese lugar donde el pecho se aprieta, pero no duele; donde la emoción arde, pero no quema.
Donde algo termina, aunque no se diga.
Y empieza otra cosa, sin nombre aún.

No es un atardecer.
Es una combustión.
Una despedida vestida de naranja,
una ola que no rompe pero empuja,
una luz que no pregunta si estás listo.

El artista no usó pinceles.
Usó latidos.
Cada franja, una capa de insistencia.
Cada trazo, una forma de no olvidar.
El cielo parece llamas.
El mar, un espejo que se resigna.
Y el sol… el sol no se pone. Se abre.
Como si por una vez quisiera mostrarse completo.
Antes de irse.

Lo llamó Incandescencia porque no encontró otra palabra.
Porque no es luz, ni calor, ni furia.
Es todo eso a la vez.
Y también lo que viene después.
Cuando ya no queda color.
Pero sí claridad.

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